Juanma Soriano, creativo en Portavoz.

 In Conversaciones con agripina

¿Quién es Juanma Soriano?

Lo mío no es vocacional. Lo reconozco. Yo quería ser Kubrick o, por lo menos, Álex de la Iglesia. Pero nada. En casa no había pasta para irme fuera y, al final, por cercanía geográfica, acabé estudiando publicidad en Alicante. Primera promoción, que no está mal.

El problema es que mal no se me daba eso de vender, o por lo menos lo de venderme a mí mismo, y acabé engañando a una agencia de Murcia para trabajar de copy. Supongo que fue entonces cuando empezó a gustarme esto de la publicidad y empecé a hacer carrera y después de dar vueltas y vueltas por varias agencias en Murcia, Torino y Madrid -aunque en los últimos dos sitios, más que trabajar estuve de Erasmus, todo hay que decirlo-, volví a la casilla de salida, a esa primera agencia que me dio mi primera oportunidad y en la que llevo ya diez u once años creciendo e intentando ayudarla a crecer.

(Esa agencia es Portavoz, por si alguien no lo había pillado… y tal).

2ª ¿Qué es Portavoz?

Según Nacho Domínguez, director de comunicación de Portavoz, somos una agencia de publicidad y comunicación que ofrece un servicio 360º a empresas y organizaciones de todos los sectores desde hace más de 26 años. Combinando estrategia con creatividad, desarrolla proyectos integrales que aportan valor a cada marca convirtiéndose en un socio estratégico que contribuye a que alcancen de forma efectiva sus objetivos.

Con oficinas en Murcia y Madrid, Portavoz cuenta con un equipo formado por 25 profesionales relacionados con el sector de la publicidad, el diseño y la comunicación, entre los que se encuentran consultores estratégicos, creativos, creadores de contenido, desarrolladores en entorno digital, periodistas, planificadores de medios, organizadores de eventos o community managers.

Esto es lo que dice Nacho y yo no tengo nada más que añadir, que él ya lo ha explicado muy bien.

Mejor proyecto o campaña.

No creo que exista un “mejor proyecto” en Portavoz, porque lo único que determina que un proyecto sea bueno o malo es la adecuación de los resultados obtenidos a los objetivos que marca el briefing y proyectos de esos tenemos un montón. Más grandes o más pequeños, son estos los que le han permitido a la agencia superar los 25 años y pagarme cada mes.

Pero como esto va de presumir, si tengo que presumir de alguno, me voy a quedar con una acción muy reciente, no muy grande  y cuyo resultado no se parece en nada a lo que había planteado el equipo creativo: una campaña que hicimos con motivo de Movember junto al Museo del Prado y ANCAP, la Asociación Nacional de Cáncer de Próstata.

Una pieza muy sencillita, con una intrahistoria muy compleja. Por fortuna, el Museo del Prado es una institución rigurosísima, tanto que, hasta siete veces, tuve ganas de prenderle fuego. No nos permitieron ni siquiera editar la sintonía para no corromper la visión del artista y, por supuesto, ni hablar de intervenir los cuadros o hacer una activación en sus instalaciones. Así, tras unas semanas de discusiones, propuestas y contrapropuestas, construimos un vídeo que, por supuesto, cumplió con creces los objetivos marcados en el briefing, trascendiendo a los medios de comunicación y ayudando a derribar los tabúes que todavía rodean a esta enfermedad.

Campaña de referencia.

Una no, miles. Que la gente es maravillosa y nuestra profesión está llena de cerebros brillantes que están como una puta cabra y cada año nos sorprenden con auténticas genialidades. Colegas a los que admiro y envidio a partes iguales (más bien lo segundo que lo primero) y que me empujan a estrujarme la cabeza para intentar hacer algo medianamente decente… y, a veces, hasta me creo que lo consigo.

Precisamente porque en los últimos año hay tantos proyectos sorprendentes, si antes me quedé con algo reciente, ahora prefiero tirar de memoria para viajar a 2006 y desenterrar una campaña que, si no recuerdo mal, fue la que me hizo descubrir la verdad y darme cuenta de que esto de la creatividad no va de hacer una pieza chula y lanzarla en medios para que la gente la vea, sino de todo lo contrario: de darle una patada a todo para que la gente quiera “bailar” tu pieza.

Esto lo aprendí con Los Happiness y esa Laura a la que todos (y todas) los publicistas de mi generación seguimos amando.

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