Irene Arcas, directora creativa y artesana de la palabra
¿Quién es Irene?
Soy directora creativa y artesana de la palabra. Hija de arquitecto y filóloga, crecí entre planos, libros y narrativas. Nunca paro de aprender.
Me formé en Publicidad en la Universidad de Sevilla, con especializaciones en Estrategia de Marca en Lyon y Creatividad publicitaria en la escuela The Atomic Garden Madrid, de la mano de Rafa Fortis.
He trabajado en agencias internacionales como Publicis (para WYSIWYG, su unidad especializada en digital) y nacionales como PS21 (antigua dommo), Tango, Popin o Summer, desarrollando campañas para marcas como Reebok Europa, Alfa Romeo, Tanqueray, KFC, J&B, Heineken España o Fotocasa.
A lo largo de mi trayectoria, he tenido el privilegio de ver cómo algunos de mis trabajos eran reconocidos en festivales como Cannes Lions (plata), El Sol (oro en Creative Data) y los Premios Eficacia.
Disfruto encontrando conceptos que nacen de la verdad y se vuelven memorables.
¿Cuál ha sido el reto más grande al que te has enfrentado en un proyecto y cómo lo superaste?
Uno de los retos más complejos fue construir desde cero la narrativa estratégica para una marca de ciberseguridad que quería conectar con el gran público sin caer en el miedo o en el tecnicismo.
La solución fue trabajar con metáforas visuales y conceptuales que hicieran tangibles conceptos abstractos, construyendo un sistema de contenidos dividido en pilares narrativos.
El proyecto acabó convirtiéndose en una referencia interna y externa, y el equipo lo presentó en foros sectoriales como ejemplo de innovación narrativa.
¿Cuál ha sido tu mejor campaña, pieza o proyecto?
Uno de los proyectos más especiales ha sido el lanzamiento de Tanqueray Flor de Sevilla, una campaña que conectó de forma emocional con el imaginario de mi tierra.
Desde el naming hasta la narrativa visual, todo giró en torno al azahar, la luz y el carácter singular de Sevilla. Tuve la suerte de pertenecer a un equipo multidisciplinar con el que conseguimos encontrar el color especial de Sevilla.
Fue una mezcla de orgullo personal y desafío creativo, que combinó storytelling, arte y dirección con mucha sensibilidad.
¿Una pieza de referencia?
“Dumb Ways to Die” me marcó profundamente. Una campaña de seguridad ferroviaria convertida en fenómeno cultural, con canción, juego, peluches y una capacidad de traspasar lo institucional con humor negro y ternura a partes iguales.
Un ejemplo magistral de cómo una idea sencilla y bien ejecutada puede cambiar comportamientos y entrar en la cultura pop.
