Diego Galindo, jurado de la XVI edición
¿Quién es Diego Galindo y cómo se produce el “salto” de las galerías de arte al mercado internacional del cómic?
Soy un narrador visual que comenzó en el ámbito del arte contemporáneo, trabajando en galerías y desarrollando mi lenguaje desde una perspectiva más plástica y conceptual.
El verdadero punto de inflexión llegó con la crisis de 2008. El contexto cambió radicalmente: se paralizaron proyectos, desapareció la estabilidad y el panorama cultural se volvió incierto. Durante el curso 2009–2010 ejercí como profesor, una etapa que me dio equilibrio y aprendizaje, pero que también me hizo reflexionar profundamente sobre hacia dónde quería dirigir mi vida profesional.
Cuando terminó la interinidad, tomé una decisión clara: dedicarme por completo a lo único que había querido hacer desde siempre, el cómic. En un momento en el que no había certezas ni garantías, volver al dibujo fue casi una tabla de salvación. Si iba a arriesgar, sería haciendo aquello que realmente me movía.
El salto al mercado internacional no fue un plan calculado, sino una consecuencia del trabajo constante y de entender que el dibujo es un lenguaje universal. Cuando la narrativa es clara y honesta, las fronteras se vuelven secundarias.
Has dibujado universos tan icónicos como Stranger Things o Star Wars. ¿Qué puede aprender el sector de la publicidad y el branding de la narrativa visual del cómic a la hora de construir marcas?
El cómic entiende algo fundamental: las historias construyen comunidad.
Una buena narrativa visual no es solo impacto inmediato; es ritmo, es coherencia, es evolución. Las marcas más fuertes funcionan como personajes: tienen identidad, atraviesan conflictos y evolucionan con su público.
El sector de la publicidad puede aprender del cómic la importancia del arco narrativo. No todo se resuelve en una imagen brillante. A veces la fidelidad se construye en capítulos.
Como miembro del jurado de los Premios Agripina, ¿qué valor diferencial buscas en una campaña de comunicación? ¿Es la técnica, la idea o la capacidad de emocionar?
La técnica impresiona.
La idea seduce.
Pero lo que permanece es la emoción.
Busco claridad emocional. Cuando una campaña consigue conectar de forma honesta con quien la recibe, más allá del artificio, ahí hay algo valioso. No se trata de gritar más fuerte, sino de entender mejor a quién le estás hablando.
En un mundo saturado de imágenes digitales e Inteligencia Artificial, ¿qué papel juega el trazo humano y la artesanía del dibujo en la comunicación actual?
Vivimos en un momento de sobreproducción visual. Nunca hemos tenido tantas imágenes y, sin embargo, cada vez es más difícil encontrar identidad.
El trazo humano no compite con la Inteligencia Artificial en velocidad; compite en intención. En la decisión consciente, en la imperfección que se convierte en estilo.
La comunicación actual necesita eficiencia, pero también necesita mirada. Y la mirada sigue siendo humana.

